PROLOGO

Recordar es volver a vivir / To remember is to live agian / Se souvenir C´est revivre

Lo que no se cuenta, no existe, por que se olvida y se pierde como si ninca hubiera pasado.

Una lectura obligatoria para los amantes de la libertad y los que quieren saber la veridica historia.

PRÓLOGO

Nantes, Francia julio de 2008 

 

Acabo de ver el western Vera Cruz, protagonizado por dos monstruos consagrados del cine norteamericano, Gary Cooper y Burt Lancaster. A su lado una actriz, que me es desconocida, compartiendo el cartel con ellos. Mi pasión por el viejo Hollywood estimula mi curiosidad y me lleva naturalmente a navegar por el internet para saber más cosas. Hermosa joven de formas ventajosas y mirada jovial, deja la Francia de la postguerra y rápidamente encuentra un pequeño papel en una producción americana. Una tal Denise Darcel… De un sitio a otro, buscando información sobre esta picante bomba francesa que encantó al público norteamericano de postguerra, mi curiosidad me condujo hasta un fórum de archivos dedicado al cine de época y al periodo dorado de Hollywood. 

“En mi juventud tuve la maravillosa experiencia de ser amigo íntimo de Denise y Hélène Darcel. Nuestra amistad se remonta a la Cuba de los años cincuenta y a las inolvidables rondas nocturnas por las boîtes, tales como elTropicana y el Sans-Souci, prácticamente recorrimos todas las de La Habana cuando Cuba era todavía un país libre. Denise era una magnífica actriz llena de vida y también una mujer muy hermosa. La conocí en 1955, cuando cantaba en el Sans-Souci. También conocí a su hermana Hélène Darcel, de una personalidad y encanto increíble, sin olvidar que tenía la voz más hermosa que jamás he oído. Hélène y yo enseguida nos compenetramos y llegó a ser para mí alguien muy querido. La revolución cubana me hizo aterrizar en una prisión como preso político donde permanecí diecisiete años y casi veintitrés años sin poderme conectar con las hermanas Darcel. He intentado por todos los medios seguir su rastro, pero sin ningún resultado. 

¿Alguien podría decirme dónde las puedo encontrar o por lo menos mandarles un tierno mensaje de afecto? Si alguien puede ayudarme, le estaría muy agradecido. (Miami, 2004)” 

¿Cómo podía haber yo imaginado por un solo momento que estas palabras,impregnadas de una evidente emoción y de una conmovedora nostalgia, pronunciadas cuatro años antes por un desconocido del otro lado del Atlántico, me llevarían a un fabuloso viaje a través del tiempo y del espacio? Acababa de leer el mensaje de un tal Fernando Pruna. Estaba lejos de pensar que este salvavidas virtual, frustrado en su intención de encontrar a dos hermanas artistas, que lo habían llenado de juventud medio siglo antes, me haría más adelante compartir las aventuras de un joven cubano de veintitrés años, en aquella época. Mi investigación iba a catapultarme a un embrujado periplo espacio- temporal, en el que no solo haría escala en la Nueva York de moda de los años cincuenta, sino también en la lucha clandestina anticastrista y las cárceles cubanas pasando por La Habana de los placeres, sacudida el primero de enero de 1959 por el triunfo revolucionario comunista. 

¿Aún seguían vivas? ¿Acaso Fernando había podido conectar con las que fueron durante algunos años sus mejores amigas y con las que compartió tan buenosmomentos?Ardo endeseosdeaveriguarlo. ¿Por qué? Se trata de personajes que ni siquiera conozco, pertenecientes a una época hoy prácticamente olvidada, pero que a mí personalmente me subyuga. 

En un primer contacto, Fernando me cuenta algunos retazos de su historia. Encontró el rastro de Denise en el año 2005. Puntualiza que vive en California. Muy emocionado, pudo hablar con ella por teléfono dos o tres veces, casi medio siglo más tarde. En esas conversaciones rememoraron, henchidos de gozo, los maravillosos momentos que pasaron juntos hace ya tanto tiempo, antes de la revolución castrista. Me adjunta dos fotos en blanco y negro con una inscripción al pie: El Morocco, NYC, con las hermanas Darcel, hacia 1956. Después Fernando me indica simplemente que Hélène ha fallecido. El cliché muestra a los tres sonrientes. Yo me limito a contemplarlos.

 

Marzo de 2010

 

Han pasado más de dos años cuando vuelvo a mirar esas dos fotos almacenadas en mi ordenador y también en un rincón de mi memoria. Esta historia vuelve de nuevo a mi espíritu. Me pongo a hurgar por todas partes. Encuentro un antiguo artículo del Miami Press que menciona a una tal Hélène Darcel recién instalada en Miami. De este modo, se sentía más cerca del condenado a pudrirse en las prisiones de Castro. Tenían la intención de “casarse cuando terminara su gira”. Vuelvo a contactar con Fernando y le paso el artículo precisándole que tal vez le pueda interesar. Esta fue su respuesta. 

“Muchas gracias por el artículo. Me trae a la memoria maravillosos recuerdos. Desgraciadamente, el destino nos ha sido adverso y no pudimos llevar a cabo nuestras aspiraciones. Castro me ha tenido encerrado diecisiete años en prisión y, luego, una vez libre, no me permitió abandonar Cuba durante años. Por fin, cuando me pude ir, habían pasado demasiadas cosas en nuestras respectivas vidas y nuestros proyectos de unirnos cambiaron para siempre. 

Es raro que me haya enviado este e-mail hoy porque no hace ni una hora que he llamado por teléfono a Denise Darcel para tener noticias suyas.Todavía vive en California y yo en la Florida. Denise tiene ochenta y cinco años de edad y cuando he hablado con ella hace un momento era difícil entenderla; conserva un marcado acento francés, pero es una persona estupenda. Guarda hermosos recuerdos de aquella época que compartimos los tres. Ha tenido una vida fantástica. Hablamos de los días tan felices que pasamos juntos en Nueva York, pero, sobre todo, del champán que nos bebimos. Me daba vueltas la cabeza y bailamos toda la noche. Fuimos afortunados de ser jóvenes en una época en que Nueva York y, en general, Estados Unidos era uno de los mejores lugares donde uno se podía encontrar. He tenido el privilegio de vivir esos tiempos intensamente, en un abandono total, cuando era joven, fuerte y vigoroso. 

En cuanto a Hélène, me enteré tristemente de su muerte ya hace algunos años. Ya no pude volver a verla. Nuestros proyectos personales están siempre sujetos al destino. 

Hélène nunca se casó. Hay algunas mujeres, muy pocas, que solo aman una vez. Hélène era de esas mujeres. Era una cantante de gran talento. Desde luego, Hélène fue mucho mejor cantante que Denise. Lo que no quita que Denise gustara enormemente al públiconorteamericano.Todos sus atributos respondían a los cánones de la época: rubia, presumida y con unos generosos pechos. Pero, una hermosa apariencia no puede oscurecer el talento. La increíble vivacidad de Denise era su talento. En escena, era graciosa y actuaba muy suelta. Los night-clubs, la música, los romances, hoy no existe nada comparable en América. 

Después de todo esto, cuando volví a Cuba, hacia 1957, me introduje en la política. Fui la persona probablemente más joven en la historia de esa república, la República de Cuba, en presentarse a unas elecciones para el Congreso. En aquella época, Cuba era un paraíso, con todas las comodidades modernas, tomadas del modelo norteamericano, pero sin perder su esencia latina, lo que la convertía en un lugar mágico. Luego, a partir del primero de enero de 1959, cuando Fidel Castro llegó al poder, desapareció la magia para siempre.” 

Querido Fernando, “Hélène nunca se casó Algunas mujeres, muy pocas, solo aman una vez. Hélène era de esas mujeres.”

En cuanto a Hélène, me enteré tristemente de su muerte ya hace algunos años. Ya no pude volver a verla. Nuestros proyectos personales están siempre sujetos al destino.

Hélène nunca se casó. Hay algunas mujeres, muy pocas, que solo aman una vez. Hélène era de esas mujeres. Era una cantante de gran talento. Desde luego, Hélène fue mucho mejor cantante que Denise. Lo que no quita que Denise gustara enormemente al públiconorteamericano.Todos sus atributos respondían a los cánones de la época: rubia, presumida y con unos generosos pechos. Pero, una hermosa apariencia no puede oscurecer el talento. La increíble vivacidad de Denise era su talento. En escena, era graciosa y actuaba muy suelta. Los night-clubs, la música, los romances, hoy no existe nada comparable en América.

Después de todo esto, cuando volví a Cuba, hacia 1957, me introduje en la política. Fui la persona probablemente más joven en la historia de esa república, la República de Cuba, en presentarse a unas elecciones para el Congreso. En aquella época, Cuba era un paraíso, con todas las comodidades modernas, tomadas del modelo norteamericano, pero sin perder su esencia latina, lo que la convertía en un lugar mágico. Luego, a partir del primero de enero de 1959, cuando Fidel Castro llegó al poder, desapareció la magia para siempre.”

¡Qué emotiva y magnífica frase acaba de escribir! Hoy, en medio de este frío gris del mes de marzo, en las antípodas espacio-temporales de aquel calor húmedo de La Habana de los años cincuenta, me confiesa que está contento de saber que su historia me ha conmovido y que, si realmente es una estupenda fuente de inspiración, puedo contar con su ayuda. Sé todavía pocas cosas. Sin embargo, es con un enorme deleite que me subo a bordo de esta fascinante máquina del tiempo para llevar a cabo una cautivadora investigación triangular que me ha de llevar a La Habana, Miami y Nueva York. Gracias, Fernando, por abrirme su corazón e invadirme de este modo, con sus recuerdos… De golpe, me he visto inmerso en todo este asunto. Una excitación indecible se ha apoderado de mí. Tengo la profunda convicción de que voy a sumergirme en una entretenida historia de intriga, a la altura de un viejo film americano. La he visto ya a través de un auténtico actor de aquella época. Hasta cierto punto es como si experimentase en mi persona sus sentimientos, su amistad con Denise y el amor por su hermana Hélène. Sé que de ahora en adelante no solo voy a estar junto a las hermanas Darcel, que fueron tan próximas a usted, sino que además voy a partir, sobre todo, hacia la Cuba de los fifties. 

 

Noviembre 2017

 

Siempre me sorprende cómo nosotros, Fernando y yo, escritores, tenemos una conexión única no obstante venir de estilos de vida fundamentalmente diferentes y a pesar de la brecha generacional. Esto es alquimia. Él un día me dijo: «Confío en ti. Serás como un actor. Escribir la vida de otra persona es como el arte de actuar; te pones en los zapatos de otra persona.» Jamás he olvidado sus palabras y las tengo siempre en mente. Entonces percibí cómo se sentía orgulloso de mí, al igual que yo estoy orgulloso de él y, sobre todo, agradecido y honrado de que haya confiado en mí. 

Cuando comenzamos a considerar una traducción al español de la versión original en francés de “Havana 505” a finales del 2014, Fernando me convenció de la importancia de darle al libro un alcance político significantemente más amplio. También me hizo tomar conciencia del hecho de que probablemente todas las historias de personas glamorosas en medio de la agitación de la revolución cubana me habían monopolizado la real visión de los hechos, en detrimento de un libro con un mensaje y un legado político. Lo confieso, estaba realmente fascinado por las historias del imperio de la mafia en los juegos de azar, el placer, el pecado, las ganancias fastuosas y sus figuras icónicas al igual que las estrellas de Hollywood. En la versión original en francés, una vez que escribí sobre la vida glamurosa de un playboy cubano en los lugares más de moda frecuentados por la alta sociedad, a mi entender el libro ya proveía suficientes otras tramas jugosas que aun inspirados conspiradores teóricos jamás se hubiesen imaginado, como había también emocionantes episodios contrarrevolucionarios y oscuras giras y vueltas en la compleja telaraña del conflicto. Pronto intuí que yo realmente necesitaba tener una visión distante de lo que había escrito. Comprendí la importancia de esclarecer el significado histórico del proceso revolucionario cubano a través de los ojos de un luchador por la libertad de Cuba. Con tal objetivo el libro se convertiría en un legado histórico verídico que opacaría las andanzas románticas de un inveterado seductor. Además, después de múltiples conversaciones analíticas sobre la versión francesa del libro, Fernando me puntualizó ciertas inexactitudes históricas que fueron el resultado de fuentes comprometidas con la revolución cubana. El mito de la revolución visto desde un prisma comprometido alteró un tanto mi objetividad de los hechos. Arrepentido por los errores le pedí a Fernando que tomara prestada mi pluma e hiciera todas las correcciones necesarias para que el libro en español fuese estrictamente verídico tanto en la trama como en los hechos históricos sin perder su esencia. Fernando aceptó y no solo hizo los cambios pertinentes, sino que añadió cientos de páginas a la versión francesa. Yo entonces decidí que Fernando tenía que aparecer como coautor del libro justamente por el trabajo que había realizado. Él siempre me pidió que su nombre no apareciera como coautor del libro por el gran respeto y consideración a mi obra original en francés. Pero yo le insistí y le dije que este punto no era negociable. Habana 505 es otro libro. Reconocí que la intriga definitivamente merecía ser profundizada, refinada, aclarada y necesariamente rectificada. Al traducir el libro, Fernando Pruna quería dejar un rastro en la historia, el de un legado político, un combate ideológico y un llamado a la libertad. El resultado fue nuevas anécdotas, referencias y notas a pie de página que han contribuido a hacer que el libro tenga una dimensión más profunda, aligerando algunas partes que, debo confesar, podrían haber parecido un tanto favorable a ciertos personajes de la revolución cubana. Tal postura nunca fue el propósito de este libro, pero seguramente se debió en gran parte al fascinante mito de la revolución cubana difundido, sobre todo, en mi país, en Francia. Mito divulgado incansablemente por la poderosa maquinaria propagandista del comunismo internacional. Mito que no refleja la realidad histórica ni la veracidad de los hechos acontecidos en Cuba. 

Con respecto a esta publicación en español, estas nuevas notas a pie de página y alteraciones coherentes y rectificaciones históricas, se han realizado por iniciativa de una persona, el propio Fernando Pruna, con su pluma y mi total consentimiento previo. 

Como escritor, conozco las largas tareas que todo este proceso requiere. Nuestra conexión crítica se ha visto fortalecida por los esfuerzos y el compromiso de Fernando para que este libro llegue a un nivel definitivamente mucho más profundo. Yo quise embarcar al lector en un viaje emocional. En esta edición en español, Fernando Pruna decidió embarcar a los lectores en otro viaje, el de una memoria verídica y verdaderamente poderosa que servirá de información y advertencia a futuras generaciones y a pueblos imprevistos. 

Cyriaque Griffon

 

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